Como preparador de francés de la carrera diplomática, uno de los errores más frecuentes que detecto en mis alumnos es este: pensar que el examen de francés va de hablar francés muy bien, excelente, sin errores ni acento. Esta creencia, les hace pensar que un nativo francófono aprobaría sin problemas el examen de francés. ¿Es eso cierto? En absoluto. Si mañana cogiésemos a una persona francófona, incluso a una persona francófona con un nivel educativo alto, fallaría estrepitósamente el examen. ¿Por qué? Muy sencillo, porque en el examen en la carrera diplomática de francés la cosa no va de hablar francés muy bien, sino de hablar francés como un diplomático.
Imaginemos un escenario: Estás en el examen y te preguntan si los Estados Unidos de Trump son un buen aliado de Europa. ¿Qué dirías? Cualquier especialista en relaciones internacionales te diría que no, que desde luego que no lo es. Unos serían más vehementes y otros lo serían menos, desde luego, pero casi todos coincidirían en que un gobierno que manifestó su voluntad de invadir el territorio de un estado miembro de la Unión (Groenlandia), que lanzó la guerra comercial más dura que haya sufrido nunca la UE, que dio que iba a pedir a Rusia invadir a aquellos aliados de la OTAN que no invirtiesen en defensa (sic), que pidió que expulsasen a España de la OTAN por no invertir el 5% del PIB en defensa o que, incluso, a través de Elon Musk, intervino en las elecciones alemanas apoyando a un partido antieuropeísta… difícilmente pueda llamarse «aliado».
La diferencia entre un diplomático y un especialista en relaciones internacionales, es que el diplomático no puede hablar libremente y el especialista sí. Si bien todo lo que digo que ha hecho Trump en el párrafo anterior es cierto, con ataques incluso hacia España muy evidentes, no menos cierto es que ninguna cancillería europea ha tenido hacia él la más mínima mala palabra, incluida España. Esta es la diferencia principal entre ser diplomático y saber de relaciones internacionales. Hace falta, como para la política, tener tacto y mano izquierda. Así que si en tu examen de francés dices que EEUU no es un aliado de España, probablmente suspendas.
¿Cómo puedes decirlo y aprobar? La táctica es similar a la de muchas otras preguntas comprometedoras que los miembros del tribunal les encanta poner a los diplomáticos aspirantes. Uno puede responder citando otras fuentes, otros discursos y, al hacerlo, marcar distancia con ellos. Por ejemplo, si digo: «Si bien ciertos analistas opinan A, B y C; la posición de España es D»; no estoy mintiendo, ni estoy emitiendo un juicio de valor sobre Trump, sino únicamente mostrando un conocimiento de la realidad. Probablemente una buena respuesta para cualquier tribunal. Y esto, que lo pueden hacer con Trump en el próximo examen, lo pueden hacer con infinidad de cosas. Aquí algunas trampas en las que puedes caer si si no das tu opinión «con diplomacia».
- ¿Está usted a favor de los toros?
- ¿Estaría bien que España tuviese una república?
- ¿Le parece bien un referéndum para que la población de Gibraltar decida libremente su futuro?
- ¿Considera que el modelo autonómico español ha llegado a su límite o necesita reformas?
- ¿Qué valoración hace del papel de la Corona en la diplomacia española?
- ¿Es partidario de reformar la Constitución?
- ¿Debería España reconocer al Sáhara Occidental como Estado independiente?
- ¿Qué opina del envío de armas a Ucrania?
- ¿Cree que España debería aceptar más inmigrantes?
- ¿Es legítimo intervenir militarmente en otro país para proteger los derechos humanos?
Son solo algunas de las muchas trampas en las que se pueden caer en el examen de francés de la carrera diplomática. Ten en cuenta que el examen no es solo lingüístico, es también sobre conocimientos y actitudes, y éstos se miden siempre, en cada prueba.